El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Que yo sepa, aún no se ha alcanzado una comprensión clara y completa de la esencia de la locura, un concepto correcto y nÃtido de lo que propiamente distingue al loco del cuerdo. — Ni la razón ni el entendimiento pueden negarse a los locos: pues ellos hablan, perciben y con frecuencia concluyen correctamente; también, por lo regular, intuyen lo presente con plena corrección y reconocen la conexión entre causa y efecto. Las visiones y las fantasÃas febriles no son un sÃntoma habitual de la locura: el delirio falsea la intuición, la locura, los pensamientos. En efecto, la mayorÃa de las veces los locos no yerran en el conocimiento de lo inmediatamente presente, sino que su desvarÃo se refiere siempre a lo ausente y lo pasado, y solo por eso a su relación con lo presente. Por eso me parece que su enfermedad afecta en especial a la memoria; no, ciertamente, porque carezcan de ella, pues muchos saben muchas cosas de memoria y a veces reconocen a personas que no han visto en mucho tiempo; sino, más bien, porque se ha roto el hilo de la memoria, se ha suprimido su conexión continuada, y no es posible un recuerdo del pasado conectado regularmente. Hay escenas particulares del pasado que están en el lugar correcto, igual que el presente particular; pero en su recuerdo hay lagunas que llenan con ficciones; estas, o bien son siempre las mismas y se convierten en ideas fijas, dándose entonces la locura obsesiva o melancolÃa, o bien son en cada caso distintas, ocurrencias momentáneas: entonces se llama desvarÃo, fatuitas. Por esa razón es tan difÃcil interrogar a un loco acerca de su vida pasada cuando entra en el manicomio. En su memoria se mezcla lo verdadero con lo falso cada vez en mayor medida. Aunque el presente inmediato es correctamente conocido, queda falseado por la conexión fingida con un pasado ilusorio: por eso se identifican a sà mismos y a otros con personas que solo existen en su pasado fingido, no reconocen en absoluto a algunos conocidos y, representándose correctamente al individuo presente, establecen una falsa relación entre él y el ausente. Cuando la locura alcanza un alto grado, se produce una completa falta de memoria, por lo que entonces el individuo es absolutamente incapaz de rememorar cualquier cosa ausente o pasada, y solo está determinado por el humor momentáneo junto con las ficciones que en su cabeza llenan el pasado: entonces nunca estamos a salvo de ser agredidos o asesinados por él, a no ser que le hagamos continuamente presente nuestra superioridad. — El conocimiento del loco tiene en común con el del animal que ambos están limitados al presente: pero lo que los distingue es esto: el animal no tiene una representación del pasado en cuanto tal, aunque este actúa sobre él por medio de la costumbre; de ahà que, por ejemplo, el perro reconozca a su amo anterior aun después de años, es decir, que al verlo reciba la impresión habitual; pero no tiene ningún recuerdo del tiempo transcurrido desde entonces: el loco, por el contrario, lleva siempre en su razón un pasado in abstracto, pero un pasado falso que solo existe para él; y ello, bien en todo momento o bien solamente ahora: el influjo de ese falso pasado le impide hacer uso del presente correctamente conocido, cosa que el animal sà hace. El hecho de que un violento sufrimiento espiritual o unos espantosos acontecimientos inesperados den ocasión a la locura, me lo explico del siguiente modo. Un sufrimiento tal está siempre, en cuanto acontecimiento real, limitado al presente, asà que es pasajero y, en esa medida, no excesivamente duro: solo se vuelve desmesuradamente grande cuando se convierte en un dolor permanente: pero en cuanto tal, no es a su vez más que un pensamiento que se halla en la memoria: cuando esa aflicción, ese conocimiento o recuerdo doloroso es tan atroz que resulta absolutamente insoportable y el individuo sucumbirÃa a él, entonces la naturaleza angustiada se aferra a la locura como último recurso de salvación de la vida: el espÃritu acongojado rompe, por asà decirlo, el hilo de su memoria, rellena las lagunas con ficciones y se refugia en la locura del dolor espiritual superior a sus fuerzas, igual que se amputa un miembro afectado por la gangrena y se lo sustituye por uno de madera. — Considérense como ejemplo de esto el frenético Ayax, el Rey Lear y Ofelia: pues las criaturas del auténtico genio, que son las únicas a las que podemos referirnos como generalmente conocidas, equivalen en su verdad a las personas reales: por lo demás, también la frecuente experiencia real nos muestra lo mismo. Un débil análogo de aquel tipo de tránsito del dolor a la locura es este: que todos nosotros, cuando nos asalta repentinamente un recuerdo penoso, como mecánicamente, mediante cualquier expresión ruidosa o movimiento, intentamos ahuyentarlo, desviarnos de él y distraernos a toda costa.