El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Como antes se mencionó, es distintivo de la humanidad el hecho de que en ella el carácter de la especie y el del individuo estén separados, de modo que, como se dijo en el libro anterior, cada hombre representa en cierta medida una idea peculiar. Por eso, las artes cuya finalidad es representar la idea de la humanidad tienen como tarea, junto a la belleza en cuanto carácter de la especie, también el carácter del individuo, al que prioritariamente se le denomina carácter; pero este no ha de ser considerado como algo accidental y totalmente peculiar al individuo en su particularidad, sino como un aspecto de la idea de la humanidad que destaca especialmente en ese individuo y para cuya revelación es pertinente la representación de este. Asà pues, el carácter, aun siendo en cuanto tal individual, ha de ser captado y representado idealmente, es decir, resaltando su significado en relación con la idea de la humanidad en general (a cuya objetivación contribuye él a su manera): además, la representación es un retrato, una repetición del individuo en cuanto tal con todas sus contingencias. Y, como dice Winckelmann, incluso el retrato ha de ser el ideal del individuo.