El mundo como voluntad y representacion I
El mundo como voluntad y representacion I Aquel carácter que se ha de captar idealmente y que resalta un aspecto peculiar de la idea de la humanidad se representa visiblemente, por una parte, a través de la fisonomÃa y corporización estables y, por otra, mediante el afecto y la pasión pasajeros, la modificación recÃproca del conocer y el querer, todo lo cual se expresa en el gesto y el movimiento. Puesto que el individuo siempre pertenece a la humanidad y, por otra parte, la humanidad siempre se revela en el individuo incluso con la peculiar significación ideal del mismo, ni la belleza puede ser suprimida por el carácter ni este por aquella: porque la supresión del carácter de la especie por el del individuo darÃa lugar a la caricatura, y la supresión del carácter del individuo por el de la especie, a la insignificancia. Por eso la representación, al perseguir la belleza —cosa que hace principalmente la escultura—, modificará esta (es decir, el carácter de la especie) en alguna medida por medio del carácter individual y expresará la idea de la humanidad siempre de una forma determinada, individual, resaltando un aspecto especial de la misma; porque el individuo humano en cuanto tal tiene en cierta medida la dignidad de una idea, y es esencial a la idea de humanidad que se presente en individuos de peculiar significación. De ahà que en las obras de los antiguos encontremos expresada la belleza que ellos captaron claramente, no a través de una sino de muchas formas que llevan diferentes caracteres, como si siempre se captara desde un aspecto distinto; y, en consecuencia, aparece representada de manera distinta en Apolo, en Baco, en Hércules o en AntÃnoo: lo caracterÃstico puede incluso limitar lo bello y destacarse hasta la fealdad: en el Sileno borracho, en los Faunos, etc. Pero si lo caracterÃstico llega hasta la supresión real del carácter de la especie, es decir, hasta lo no natural, se convierte en caricatura. — Pero todavÃa menos que la belleza puede la gracia ser perjudicada por lo caracterÃstico: al margen de qué postura y movimiento sean requeridos por la expresión del carácter, han de ser ejecutados de la forma más adecuada y fácil para la persona. Esto no solo lo observarán el escultor y el pintor sino también todos los buenos actores: si no, nace aquà también la caricatura en forma de desfiguración y contorsión.