El mundo como voluntad y representacion I

El mundo como voluntad y representacion I

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En la escultura la belleza y la gracia siguen siendo lo principal. El verdadero carácter del espíritu, que aparece en el afecto, la pasión y el despliegue del conocer y el querer, y que solo es representable mediante la expresión de la cara y el gesto, es propiedad preferente de la pintura. Pues aunque los ojos y el color, que se hallan fuera del dominio de la escultura, contribuyen en gran medida a la belleza, no son esenciales para el carácter. Además, la belleza se despliega con mayor plenitud considerándola desde varios puntos de vista: en cambio, la expresión, el carácter, también puede ser captado plenamente desde un punto de vista.

Puesto que la belleza es claramente el fin principal de la escultura, Lessing ha intentado explicar el hecho de que el Laocoonte no grite diciendo que el grito no es compatible con la belleza. Y dado que para Lessing ese objeto fue el tema, o al menos el punto de partida, de un libro, y que antes y después de él se ha escrito tanto al respecto, quizá tenga aquí la posibilidad de exponer de forma episódica mi opinión, aun cuando una discusión tan específica no pertenezca verdaderamente a la conexión de nuestro análisis, dirigido a temas generales.



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