El mundo como voluntad y representacion I

El mundo como voluntad y representacion I

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Si, conforme a lo dicho, la alegoría es en las artes figurativas una aspiración defectuosa que sirve a fines totalmente ajenos al arte, se hace totalmente insoportable cuando se desvía hasta el punto de que la representación de indicaciones forzadas y traídas por los pelos cae en la estupidez. De tal clase es, por ejemplo, una tortuga para aludir al recato femenino; la mirada de Némesis en el interior de su vestidura, indicando que ve también en lo oculto; la interpretación de Bellori, según la cual Aníbal Carracci había vestido el placer con un ropaje amarillo porque quería insinuar que sus alegrías se marchitan pronto y se vuelven amarillas como la paja. — Cuando entre lo representado y el concepto aludido no hay ninguna conexión basada en la subsunción bajo aquel concepto o en la asociación de ideas, sino que el signo y lo designado se conectan de forma totalmente convencional, a través de una reglamentación positiva y dispuesta de forma accidental, a esa variante de la alegoría la denomino símbolo. Así, la rosa es símbolo de la discreción, el laurel de la fama, la palma de la victoria, la concha del peregrino y la cruz de la religión cristiana: a eso pertenecen también todas las alusiones inmediatas a través de colores, como el amarillo como color de la falsedad y el azul como color de la lealtad. Tales símbolos pueden ser de frecuente utilidad en la vida pero su valor es ajeno al arte: hay que considerarlos como jeroglíficos o como escritura china y se incluyen en la misma clase que los escudos, el arbusto que señala una fonda, la llave en la que se conoce al chambelán o el cuero por el que se distingue al minero. — Por último, cuando ciertas personas históricas o míticas, o bien conceptos personificados, se dan a conocer mediante un símbolo fijado de una vez por todas, podríamos hablar de emblemas: son de este tipo los animales de los evangelistas, la lechuza de Minerva, la manzana de Paris, el ancla de la esperanza, etc. Sin embargo, la mayoría de las veces se entienden por emblemas aquellas representaciones plásticas, sencillas e ilustradas por un motto que han de hacer intuitiva una verdad moral, de las cuales existen grandes colecciones en J. Camerario, Alciato y otros: constituyen el tránsito a la alegoría poética y de ellas hablaremos más adelante. — La escultura griega se dirige a la intuición, por eso es estética; la indostaní se dirige al concepto, por eso es meramente simbólica.


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