Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Pero en otros momentos me he asombrado de cómo en ese género han podido surgir, arraigar, mantenerse y perfeccionarse una multiplicidad de artes bellas y útiles, así como de ciencias, aunque siempre procedentes de individuos aislados, de excepciones; cómo ese género, con fidelidad y perseverancia, ha guardado a lo largo de dos o tres milenios las obras de los grandes espíritus: Homero, Platón, Horacio, etc., transcribiéndolas y conservándolas, y las ha protegido de la destrucción en medio de todas las calamidades y horrores de su historia; con lo cual ha demostrado que conocía su valor; igualmente me han sorprendido las especiales producciones individuales y a veces también los rasgos de espíritu o de juicio, así como la inspiración de quienes por lo demás pertenecen a la gran masa; e incluso la de esta misma cuando, como ocurre la mayoría de las veces, juzga con pleno acierto en cuanto su coro se ha hecho grande y completo: ocurre igual que con la consonancia de voces no instruidas, que siempre resulta armónica con tal de que estas sean muy numerosas. Quienes sobresalen por encima de eso, denominados genios, son simplemente Incida intervalla de todo el género humano. Por lo tanto, consiguen lo que está absolutamente vedado a los demás. En consecuencia, su originalidad es tan grande que no solo se hace patente su diferencia respecto de todos los demás sino que incluso la individualidad de cada uno de ellos está tan intensamente pronunciada, que entre todos los genios que han existido se da una total diferencia de carácter y de espíritu, en virtud de la cual cada uno de ellos con sus obras ha ofrecido al mundo un regalo que no habría podido recibir de ningún otro de toda la especie. Precisamente por eso el natura lo fece, e poi ruppe lo stampo[117] es una comparación tan acertada y merecidamente famosa.