Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Un príncipe que apreciase los talentos,
Un amigo que se divirtiese conmigo,
De ellos, por desgracia, he carecido.
En el convento encontré lóbregos mecenas:
Así me he atormentado, infatigable,
Ignorado y sin discípulos[122].
Convertir su obra, como depósito sagrado y verdadero fruto de su existencia, en patrimonio de la humanidad, entregándola a una posteridad que la juzgue mejor: ese es el fin que para él prevalece sobre todos los fines y por el que lleva la corona de espinas que alguna vez habrá de reverdecer en corona de laurel. En la compleción y afianzamiento de su obra se concentra su afán, tan decididamente como el del insecto en su última forma se concentra en asegurar sus huevos y tomar las precauciones en favor de una prole cuya existencia nunca conocerá: pone los huevos allá donde, según sabe con seguridad, encontrarán un día vida y alimento; y muere tranquilamente.