Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II A.— Amigo mío, solemos ser injustos cuando estamos descontentos con la naturaleza. Ten en cuenta que natura nihil facit frustra nec supervacaneum[123] [et nihil larguitur)[124]. Somos seres meramente temporales, finitos, perecederos, oníricos, como sombras efímeras; ¿de qué nos serviría un intelecto que concibiese relaciones infinitas, eternas y absolutas? ¿Y cómo tal intelecto habría de abandonar esas relaciones para volverse hacia las nimias relaciones de nuestra efímera existencia, que son las únicas reales para nosotros y las únicas que verdaderamente nos afectan, y hacerse útil para ellas? Al otorgarnos semejante intelecto, la naturaleza no solo habría creado un frustra enormemente grande sino que habría obrado directamente en contra de sus fines para con nosotros. Pues de qué serviría, como dice Shakespeare:
We fools of nature,
So horridly to shake our disposition
With thoughts beyond the reaches of our souls[125].—
(Hamlet, acto I, escena 4)