Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Kant ha demostrado que los problemas de la metafÃsica, que inquietan a cada cual en mayor o menor medida, no son susceptibles de una solución directa ni en general satisfactoria. Mas eso se debe en último término a que tienen su origen en las formas de nuestro intelecto —tiempo, espacio y causalidad—, cuando ese intelecto no tiene más misión que la de pretextar a la voluntad individual sus motivos, es decir, los objetos de su querer, además de mostrarle los medios y vÃas para apropiarse de ellos. No obstante, si ese intelecto se dirige abusive hacia el ser en sà de las cosas, hacia la totalidad y la conexión del mundo, entonces esas formas suyas de la yuxtaposición, sucesión y causación de todas las cosas posibles le producen los problemas metafÃsicos como, por ejemplo, el del origen y la finalidad, el comienzo y el término del mundo y del propio yo, el de la negación de este con la muerte o su permanencia a pesar 103 de ella, el de la libertad de la voluntad y otros similares. — Mas si nos imaginamos que esas formas se han suprimido y, sin embargo, sigue existiendo una conciencia de las cosas, esos problemas no se resuelven sino que desaparecen por completo y su expresión deja de tener sentido. Pues nacen de aquellas formas con las cuales no se pretende una comprensión del mundo y de la existencia sino solamente una comprensión de nuestros fines personales.