Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

No obstante, es altamente probable que el género humano haya nacido únicamente en tres lugares, ya que no tenemos más que tres tipos nítidamente diferenciados que indiquen tres razas originarias: el tipo caucásico, el mongólico y el etíope. Y además ese nacimiento solo ha podido tener lugar en el mundo antiguo. Porque en Australia la naturaleza no ha podido originar ningún simio y en América solo ha producido el macaco de cola larga pero no el de cola corta, por no hablar de las especies de simios sin cola, que ocupan el grado superior anterior al hombre. Natura non facit saltus[177]. Además, el nacimiento del hombre únicamente ha podido producirse entre los trópicos, ya que en las demás zonas el hombre recién surgido habría perecido al primer invierno. Pues aun cuando no le hubieran faltado los cuidados maternos, habría crecido sin enseñanza y no habría recibido conocimientos de ningún ascendiente. Así que el lactante de la naturaleza tendría primero que haber descansado en su cálido seno antes de que esta pudiera enviarlo al rudo mundo. Pero en las zonas cálidas el hombre es negro o, al menos, moreno. Así que ese es, sin diferencia de razas, el color verdadero, natural y peculiar del género humano, y nunca ha habido por naturaleza una raza blanca; de hecho, hablar de ella y clasificar a los hombres ingenuamente en blancos, amarillos y negros, como aún se hace en todos los libros, da muestras de la mayor parcialidad y falta de reflexión. Ya en mi obra principal, volumen 2, capítulo 44, p. 550 [3.a ed., p. 625] he explicado el asunto someramente y he declarado que nunca del seno de la naturaleza ha salido un hombre originalmente blanco. El origen del hombre se encuentra exclusivamente entre los trópicos y allá es siempre negro o moreno; solamente en América no ocurre siempre porque esa parte del mundo ha sido poblada en su mayor parte por naciones que ya han perdido el color, principalmente chinos. Sin embargo, los salvajes de las selvas brasileñas son morenos[178]. El hombre no se ha vuelto de piel clara, y finalmente blanca, hasta después de haberse propagado durante largo tiempo fuera de su única tierra natural ubicada entre los trópicos y, como consecuencia de ese incremento de población, extenderse hasta las zonas más frías. Así pues, la raza humana europea se ha ido volviendo blanca poco a poco como consecuencia del influjo climático de la zona templada y fría. Con qué lentitud se produjo esto lo apreciamos en los cíngaros, una raza hindú que desde el comienzo del siglo XV hace vida nómada por Europa y cuyo color es más o menos intermedio entre el de los hindúes y el nuestro; también se ve en las familias de esclavos negros que se propagan desde hace trescientos años en América y solamente se han vuelto algo más claras: no obstante, en estas el proceso se para porque de vez en cuando se mezclan con recién llegados negros como el ébano; una renovación de la que no participan los cíngaros. Supongo que la causa física próxima de que el hombre desterrado de su lugar natural haya ido palideciendo está en que en el clima cálido la luz y el calor producen en el rete Malpighii[179] una desoxidación lenta, pero constante, del ácido carbónico que se exhala por nuestros 168 poros sin descomponerse, dejando entonces el carbono suficiente para la coloración de la piel: el olor específico de los negros está probablemente relacionado con eso. El hecho de que en los pueblos blancos las clases inferiores que trabajan intensamente sean siempre de piel más oscura que los estamentos superiores se explica porque sudan más, lo cual tiene un efecto análogo, aunque en grado muy inferior, al del clima cálido. En consecuencia, hemos de pensar que el Adán de nuestra raza fue en todo caso negro, y es ridículo que los pintores representen a ese primer hombre como blanco, en el color surgido por el proceso de decoloración: además, dado que Jehová lo creó a su imagen y semejanza, las obras de arte han de representar también a este negro, aunque a esos efectos se puede permitir la tradicional barba blanca; porque el tipo barbilampiño no va ligado al color negro sino solamente a la raza etíope. Sin embargo, las imágenes de madonnas más antiguas, como las que se encuentran en Oriente y en algunas antiguas iglesias italianas, tienen, al igual que el Niño Jesús, el rostro de color negro. De hecho, todo el pueblo elegido de Dios ha sido negro o moreno, y aún hoy es de piel más oscura que nosotros, que descendemos de poblaciones paganas que inmigraron antes. La actual Siria está poblada por mestizos que proceden en parte de Nordasia (como, por ejemplo, los turcomanos). También a Buda se le representa a veces negro, e incluso a Confucio. (Davis, The Chinese vol. 2, p. 66). Que el rostro blanco es una degeneración y no es natural lo atestigua la repugnancia y el rechazo que ha provocado en algunos pueblos de Africa interior al verlos por vez primera: a esos pueblos les parece que es una atrofia enfermiza. A algunos viajeros que llegaban a África las muchachas negras les agasajaban con leche y cantaban: «¡Pobre forastero, qué pena nos das, que eres tan blanco!». Una nota al Don Juan de Byron (canto XII, stanza 70) informa de lo siguiente: Major Denham says, that when he first saw European women after his travels in Africa, they appeared to him to have unnatural sickly countenances. (El mayor Denham dice que cuando volvió a ver por vez primera a las mujeres europeas después de sus viajes a África, le pareció que tenían unos rostros antinaturalmente enfermizos.) — Sin embargo, de acuerdo con | el precedente de Büffon (Flourens, Buffon. Histoire de ses travaux et de ses idées, Paris, 1884, pp. 160 ss.), los etnógrafos siguen hablando con toda confianza de la raza blanca, la amarilla, la roja y la negra, basando su división principalmente en el color; cuando, en verdad, este no constituye nada esencial y su diferencia no tiene otro origen que la mayor o menor, y la más temprana o tardía separación de una estirpe respecto de la zona cálida, única de la que es indígena el género humano; de ahí que fuera de ella no pueda subsistir más que a base de cuidados artificiales, pasando el invierno en invernaderos como las plantas exóticas; pero aun así va degenerando poco a poco y primeramente en el color. El que tras perder el color la raza mongólica resulte algo más amarillenta que la caucásica puede, sin embargo, deberse a una diferencia racial. — El hecho de que la civilización y la cultura más elevadas —prescindiendo de los antiguos hindúes y los egipcios— se encuentre exclusivamente en las naciones blancas, e incluso en algunos pueblos de tez oscura la casta o el linaje dominante sea de color más claro que los demás, por lo que es evidente que es inmigrante —por ejemplo, los brahmanes, los incas o los señores de las islas del Sur— ese hecho, digo, se debe a que la necesidad es la madre de las artes; porque, en efecto, las estirpes que emigraron al Norte y poco a poco fueron palideciendo, en su lucha contra las múltiples necesidades debidas al clima tuvieron que desarrollar todas sus fuerzas intelectuales e inventar y cultivar todas las artes, a fin de compensar la mezquindad de la naturaleza. De ahí ha nacido su elevada civilización.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker