Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II A fin de ofrecer a los expertos una simple prueba de lo dicho, quisiera explicar en pocas palabras cómo de mi teoría fisiológica se infiere ya a priori la corrección del fenómeno físico originario de Goethe. — Si el color en sí mismo —esto es, en el ojo— es la actividad nerviosa de la retina cualitativamente dividida en dos partes, es decir, suscitada de forma meramente parcial, entonces su causa externa ha de ser una luz disminuida, aunque disminuida de una forma muy especial, que ha de tener como peculiaridad el asignar a cada color exactamente tanta luz como tiniebla (σκιερόν) adjudica a su opuesto y complementario fisiológico. Pero esto solo puede producirse por una vía segura y suficiente en todos los casos, si la causa de la claridad en un color dado es exactamente la causa de la penumbra o la oscuridad en su complementario. Esa exigencia la satisface plenamente el diafragma de la turbiedad que se intercala entre luz y oscuridad, por cuanto con una iluminación opuesta siempre produce dos colores fisiológicamente complementarios que resultan diferentes según el grado del grosor y espesor de esa turbiedad, pero siempre se complementan en el blanco, es decir, en la plena actividad de la retina. Por consiguiente, cuando esa turbiedad tenga el máximo de finura los colores serán el amarillo y el violeta; al aumentar de grosor, estos se transformarán en naranja y azul; y, por último, cuando se haga aún más gruesa, los colores serán el rojo y el verde; sin embargo, esto último no se puede demostrar por esa vía simple, aunque el cielo al ponerse el Sol ofrece un débil fenómeno de ello. Finalmente, cuando la turbiedad se completa, es decir, cuando se compacta hasta hacerse impenetrable, si cae la luz aparece el blanco; y si la luz queda por detrás, aparece la oscuridad o el negro. — El desarrollo de este examen de la cuestión se encuentra en la redacción latina de mi Teoría de los colores, §11.