Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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Por último, puedo reivindicar para mi teoría de los colores una ventaja peculiar, aunque extrínseca. En efecto, en todas las nuevas verdades que se descubren, quizás sin excepción, enseguida se encuentra que ya se ha dicho algo muy parecido y solamente ha faltado un paso para llegar a ellas; e incluso a veces han sido expresadas directamente, aunque han pasado desapercibidas porque no se ha puesto énfasis en ellas, ya que el mismo que las formuló no había conocido su valor ni comprendido la riqueza de sus consecuencias; eso le impidió desarrollarlas verdaderamente. Así pues, en casos semejantes se poseía, aunque no la planta, sí la semilla. Mi teoría de los colores constituye una feliz excepción a esto. Nunca y en modo alguno se le ha ocurrido a nadie considerar el color, ese fenómeno tan objetivo, como una actividad dividida de la retina y, en consecuencia, asignar a cada color individual una determinada fracción que sumada a la de otro completa la unidad, que representa el blanco. Y, sin embargo, esas fracciones son tan obvias que el Sr. profesor Rosas, al querer apropiarse de ellas, las introduce directamente como evidentes por sí mismas en su Manual de oftalmología, volumen 1, § 535, y también p. 308.





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