Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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Nuestra prueba de la pureza de un color dado, por ejemplo, si este amarillo es exactamente tal o si tira a verde o a naranja, se refiere justamente a la exacta corrección de la fracción expresada en ella. Pero la prueba de que podemos juzgar esa relación puramente aritmética de acuerdo con un simple sentimiento está en la música, cuya armonía se basa en las relaciones numéricas —mucho mayores y más complicadas— existentes entre las vibraciones simultáneas, y cuyos tonos juzgamos, no obstante, de mero oído con suma exactitud y aritméticamente. — Así como los siete tonos de la escala se destacan entre los innumerables tonos posibles que se encuentran entre ellos únicamente por la racionalidad de los números de sus vibraciones, también los seis colores a los que se da nombre propio se destacan entre los innumerables que se encuentran entre ellos simplemente por la racionalidad y simplicidad que tiene la fracción de la actividad de la retina que se presenta en ellos. — Así como yo al afinar un instrumento compruebo la corrección de un tono tocando su quinta o su octava, compruebo la pureza de un color que tengo delante provocando su espectro fisiológico, cuyo color es con frecuencia más fácil de juzgar que él mismo: así, por ejemplo, he observado que el verde de la hierba tira intensamente a amarillo simplemente porque el rojo de su espectro tira intensamente a violeta.


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