Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Así pues, en el corazón de cada cual se encuentra realmente un animal salvaje que solo espera la ocasión para ponerse rabioso y desenfrenado, queriendo hacer daño a los demás y, cuando le cierran el camino, destruirlos: de ahí justamente nace todo el placer en la guerra y la contienda; y eso es lo que el conocimiento, su guardián añadido, está siempre ocupado en refrenar y mantener dentro de ciertos límites. Siempre se lo puede llamar la maldad radical, lo cual servirá al menos a aquellos en los que una palabra sustituye a una explicación. Yo, en cambio, digo: es la voluntad de vivir que, cada vez más enfurecida por el continuo sufrimiento de la existencia, intenta aliviar su propio tormento causando el ajeno. Mas por esa vía se transforma paulatinamente en una verdadera maldad y crueldad. También se podría añadir la observación de que, así como según Kant la materia solo existe por medio del antagonismo de la fuerza de expansión y la de contracción, la sociedad humana no existe más que por el del odio o la ira, y el miedo. Pues cualquiera podría convertir en alguna ocasión la hostilidad de nuestra naturaleza en asesinato, si no se le añadiera una conveniente dosis de miedo para limitarla; y a su vez, este por sí solo lo convertiría en objeto de burla o juego de cualquier muchacho si la ira no estuviera dispuesta en él y manteniendo la guardia.