Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Con la envidia no transigirás nunca:
Puedes escarnecerla confiado.
Tu fortuna, tu fama, es para ella un sufrimiento:
Por eso puedes regocijarte en su tormento.
Si, como aquí ha ocurrido, hemos tenido a la vista la maldad humana y nos horrorizamos de ella, entonces hemos de lanzar la mirada a la miseria de la existencia humana; y a su vez, si nos asustamos de esta, a aquella: entonces descubriremos que ambas se mantienen en equilibrio y nos haremos conscientes de la justicia eterna al observar que el mundo mismo es el Juicio Final y empezar a entender por qué todo lo que vive ha de expiar su existencia, primero en vida y luego en la muerte. Así coinciden el malum poenae y el malum culpae[232]. Desde este punto de vista se pierde también la indignación por la incapacidad intelectual de la mayoría, que con tanta frecuencia nos repugna. Así pues, miseria humana, nequitia humana y stultitia humana[233] se corresponden entre sí a la perfección en este sansara de los budistas y son de la misma magnitud. Pero si alguna vez, por un motivo particular, tenemos una de ellas a la vista y la examinamos en especial, nos parece que supera en magnitud a las otras dos: sin embargo, eso es un engaño y una mera consecuencia de su colosal amplitud.