Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II El artificial y arbitrario sistema de las plantas de Linneo no puede ser reemplazado por un sistema natural, por muy adecuado que este fuera a la razón y por muchas veces que se lo haya intentado; porque un sistema así nunca permite unas definiciones tan seguras y firmes como las que tiene el artificial y arbitrario. Igualmente, el fundamento artificial y arbitrario de la constitución estatal, como el antes aludido, no puede ser sustituido por un fundamento puramente natural que, rechazando las condiciones mencionadas, pretenda sustituir los privilegios del nacimiento por los de la valía personal, y la religión nacional, por los resultados de la investigación racional; porque, por muy adecuado que todo ello fuera a la razón, le falta aquella seguridad y firmeza de las definiciones, que es lo único que asegura la estabilidad del Estado. Una constitución estatal en la que simplemente tomara cuerpo el derecho abstracto sería algo excelente para seres distintos de los hombres: en efecto, la gran mayoría de estos son sumamente egoístas, injustos, desconsiderados, mentirosos y a veces incluso malvados, y además están dotados de muy escasa inteligencia; por esa razón surge la necesidad de un poder totalmente irresponsable que esté concentrado en un solo hombre y se halle incluso por encima de la ley y el derecho; un poder al que todos se dobleguen y que sea considerado como un ser de clase superior, un señor por la gracia de Dios. Solo así se puede a la larga refrenar y gobernar a la humanidad.