Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II TrasÃmaco. ¡¿Cómo?! — ¿Y de esa manera piensas que me vas a estafar mi individualidad calladamente y sin que me dé cuenta? A mà no se me deja con un palmo de narices. La permanencia de mi individualidad me la reservo para mÃ, y ningún mecanismo ni fenómeno puede consolarme respecto de ella. Ella me importa y no renuncio a ella.
Filatetes. ¿Asà que consideras tu individualidad tan agradable, excelente, perfecta e incomparable que no puede haber otra superior, y por eso no la quieres cambiar por ninguna otra de la que acaso se dijera que en ella se podrÃa vivir mejor y más fácilmente?
TrasÃmaco. Mira, sea como sea mi individualidad, eso soy yo.
Para mà nada hay en el mundo sobre mÃ:
Pues Dios es Dios, y yo soy yo[292].
¡Yo, yo quiero existir! Eso me importa, y no una existencia de la que primero tengo que razonar que es la mÃa.