Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II ¡Y a su más fiel amigo, el inteligente perro, lo ata a la cadena! Nunca veo tal cosa sin íntima compasión hacia él y profunda indignación hacia su amo, y con satisfacción pienso en el caso del que hace algunos años informó el Times, de un lord que tenía un perro de cadena y una vez, al atravesar el patio de su casa, se acercó a él con la intención de acariciarlo; e inmediatamente el perro le desgarró el brazo de arriba abajo — ¡con razón! Él quería decir con eso: «Tú no eres mi amo sino mi demonio, que conviertes en un infierno mi breve existencia». Ojalá ocurra eso a todo el que encadena a un perro.
Anteriormente ha resultado que es la elevada fuerza cognoscitiva la que hace la vida del hombre más dolorosa que la del animal; así que podemos reducir eso a una ley más general y alcanzar así una perspectiva más amplia.