Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Filatetes. Para juzgar el resultado solo necesitamos comparar la Antigüedad con la Edad Media que la siguió; por ejemplo, la época de Pericles con el siglo XIV. Uno apenas cree tener ante sí la misma clase de seres en ambos casos: allá, el más hermoso despliegue de la humanidad, excelentes instituciones estatales, sabias leyes, magistraturas prudentemente distribuidas, libertad regulada racionalmente, todas las artes, junto con la poesía y la filosofía, en su apogeo, creando obras que todavía después de milenios se mantienen como modelos no alcanzados, casi como obras de seres superiores a los que nunca nos podemos equiparar; y junto a eso, la vida amenizada por la más noble sociabilidad, tal y como lo matiza El banquete de Jenofonte. Y ahora, mira aquí si eres capaz. Mira la época en que la Iglesia había encadenado los espíritus y la violencia, los cuerpos, para que los caballeros y los curas pudieran imponer toda la carga de la vida a su bestia de carga común, el tercer estamento. Ahí encuentras la justicia por propia mano [Faustrecht[365]], el feudalismo y el fanatismo en estrecha alianza; y en su séquito, atroz ignorancia y tiniebla espiritual, la consiguiente intolerancia, cismas, guerras de religión, cruzadas, persecuciones de herejes e inquisiciones; y como forma de vida social, el cuerpo de caballeros, remendado a base de brutalidad y presunción, con sus gestos y patrañas cultivados con pedantería y convertidos en un sistema, con degradantes supersticiones y con una veneración de las mujeres digna de los monos, de la cual un resto aún existente, la galantería, es pagado con la bien merecida arrogancia femenina y da a todos los asiáticos continua materia de risa con la que habrían estado de acuerdo los griegos. En la dorada Edad Media, por supuesto, la cosa llegó hasta un servicio formal y metódico a las mujeres, con hazañas impuestas, cours d’amour, afectados cantos de trovadores, etc.; si bien hay que observar que estas últimas bufonadas, que no obstante poseen un lado intelectual, tenían su lugar principalmente en Francia, mientras que entre los materiales y rudos alemanes los caballeros destacaban más por la bebida y el saqueo: lo suyo era la copa y el castillo de un bandido; pero, por supuesto, en la corte tampoco faltaba algún soso trovador. ¿Cómo había cambiado así la escena? Con la invasión de los bárbaros y el cristianismo.