Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Por otro lado, considero que el sultán Mohammed Dam Shikoh, hermano de Aurangzeb, habÃa nacido y se habÃa criado en la India, allà fue educado, reflexionó y estuvo deseoso de saber, asà que pudo entender su sánscrito más o menos tan bien como nosotros nuestro latÃn, y además tuvo un número de los más sabios pandits[430] como colaboradores; todo ello me sugiere de antemano una alta opinión de su traducción al persa de las Upanishads del Veda. Además, veo con qué profunda veneración, adecuada al asunto, ha manejado Anquetil du Perron esa traducción persa, al reproducirla palabra por palabra en latÃn, pero manteniendo exactamente la sintaxis persa a despecho de la gramática latina y dejando exactamente igual las palabras sánscritas que el Sultán dejó sin traducir, para explicarlas en el glosario. Asà que leo esa traducción con la más plena confianza, que recibe después su halagüeña confirmación. ¡Pues cómo respira el Oupnekhat el sagrado espÃritu de los Vedas! ¡Cómo queda conmovido en su interior por ese espÃritu el que con una diligente lectura se llega a familiarizar con el persa-latÃn de ese libro incomparable! ¡Qué significado tan rotundo, definido y siempre coherente tiene cada lÃnea! En cada página nos salen al encuentro pensamientos profundos, originales y sublimes, mientras una elevada y santa seriedad flota sobre todo el conjunto. Todo respira aquà aire hindú y existencia primigenia, afÃn a la naturaleza. ¡Y qué depurado está aquà el espÃritu de toda la superstición judÃa tempranamente inculcada y de toda filosofÃa entregada a ella! Es la lectura más gratificante y conmovedora que se puede hacer en este mundo (con excepción del texto original): ella ha sido el consuelo de mi vida y será el de mi muerte. — En relación con ciertos recelos alegados contra la autenticidad del Oupnekhat, remito a la nota de la p. 271 [2.a ed., p. 268] de mi ética.