Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Si comparo con esa las traducciones europeas de los textos sagrados o los filósofos hindúes, me producen la impresión contraria (con muy pocas excepciones, como, por ejemplo, el Bhagavad Gita de Schlegel y algunos pasajes de las traducciones de los Vedas de Colebrooke): ofrecen periodos cuyo sentido es general y abstracto, con frecuencia oscilante e impreciso, y cuya conexión es insegura: no obtengo más que simples esbozos de los pensamientos del texto original con textos de relleno en los que noto algo extraño; también aparecen de vez en cuando contradicciones; todo es moderno, vacÃo, flojo, plano, pobre de sentido y occidental: está europeizado, anglicanizado, afrancesado, o simplemente (lo cual es lo peor) traducido al suabo y envuelto en la niebla al estilo alemán; es decir, en vez de un sentido claro y definido ofrece meras palabras, pero de forma bien prolija; asà ocurre, por ejemplo, con la traducción más reciente de Roer en la Bibliotheca Indica, n.º 41, Calcuta, 1853, en la que se reconoce bien al alemán, que en cuanto tal está acostumbrado a redactar periodos en los que se deja a los demás la tarea de pensar algo claro y definido: y con demasiada frecuencia se puede percibir también en ella algo de foetorjndaicns. Todo eso debilita mi confianza en tales traducciones, sobre todo cuando considero que los traductores realizan sus estudios como ganapanes, mientras que el noble Anquetil du Perron no ha buscado su provecho sino que ha sido impulsado por el simple amor a la ciencia y al conocimiento; y que el sultán Dara Shikoh recibió como recompensa y honorario que se le cortara la cabeza por obra de su imperial hermano Aurangzeb, — in majorem Dei gloriam[431]. Tengo la firme convicción de que hasta ahora solo en el Oupnekhat se puede conseguir un conocimiento real de las Upanishads y, por lo tanto, de la dogmática verdadera y esotérica de los Vedas: se pueden haber leÃdo las demás traducciones de principio a fin sin tener ni idea del tema. También parece que el sultán Dara Shikoh dispuso de manuscritos sánscritos mucho mejores y más completos que los eruditos ingleses.