Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Mi solución ha sido que en lo bello captamos siempre las formas esenciales y originales de la naturaleza viva e inerte, es decir, sus ideas platónicas, y que esa captación tiene como condición su correlato esencial, el sujeto involuntario del conocimiento, esto es, una inteligencia pura sin propósitos ni fines. De este modo, al aparecer la captación estética, la voluntad desaparece totalmente de la conciencia. Mas ella es la única fuente de todas nuestras aflicciones y sufrimientos. Ese es el origen de aquel agrado y aquella alegría que acompañan a la captación de lo bello. Se basa, pues, en la supresión de toda posibilidad de sufrimiento. — Si se quisiera acaso objetar que entonces también se suprimiría la posibilidad de la alegría, habría que recordar que, como he demostrado a menudo, la felicidad, la satisfacción, es de naturaleza negativa, en concreto no es más que el fin de un sufrimiento, mientras que el dolor es lo positivo. De ahí que al desaparecer todo querer de la conciencia se mantenga el estado de la alegría, es decir, de la ausencia de cualquier dolor, e incluso de la ausencia de su posibilidad; porque el individuo, transformado en un sujeto puro de conocimiento que ya no quiere, sigue siendo consciente de sí mismo y de su actividad justamente en cuanto tal. Como sabemos, el mundo como voluntad es el primer mundo (ordine prior); y el mundo como representación, el segundo (ordine posterior). Aquel es el mundo del deseo y, por lo tanto, del dolor y las mil desgracias. El segundo es en sí mismo esencialmente indoloro: además, contiene un espectáculo digno de verse, plenamente significativo y cuando menos divertido. En su disfrute consiste la alegría estética[467]. — Convertirse en puro sujeto del conocimiento significa liberarse a sí mismo[468]: pero, puesto que la mayoría de los hombres no puede hacerlo, son de ordinario incapaces de captar las cosas de forma puramente objetiva, que es lo que constituye el don del artista.