Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Tenemos que consolarnos de ese proceso pensando que hay que considerar una suerte el hecho de que la gran mayorÃa de los hombres no juzguen por sus propios medios sino por la simple autoridad ajena. ¡Pues qué juicios se formularÃan sobre Platón y Kant, sobre Homero, Shakespeare y Goethe, si cada uno juzgase según lo que realmente tiene y disfruta de ellos, y no fuera más bien la autoridad coactiva la que le hiciera decir lo que conviene, por poco inclinado que estuviera a ello en su interior! Si la cosa no fuera asÃ, serÃa imposible que el verdadero mérito en un orden superior alcanzara fama alguna. Además, es una segunda suerte que cada cual solamente posea el juicio necesario para reconocer la superioridad del que está inmediatamente sobre él y seguir su autoridad; de ese modo, al final los muchos se someten a la autoridad de los pocos y se logra aquella jerarquÃa de los juicios en la que se basa la posibilidad de la fama sólida y de amplio alcance. Para la clase inferior, la de los que son totalmente inaccesibles a los méritos de un gran espÃritu, al final no queda más que el monumento, que despierta en ella una sorda noción por medio de una impresión sensible.