Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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En consecuencia, el elogio sincero es a aquella desvergonzada adulación del que está plagado de intención lo que la noble y sincera amada que se ha conquistado con esfuerzo a la prostituta callejera pagada, cuyo maquillaje blanco y bermellón, aplicado en gruesa capa, tendría que haberse reconocido inmediatamente en la fama de Hegel, siempre y cuando, como se ha dicho, los alemanes hubieran sido algo sutiles. Entonces no se habría hecho realidad de una forma tan manifiesta, para vergüenza de la nación, lo que ya Schiller había cantado:

Vi las sagradas coronas de la gloria

Profanadas sobre la frente vulgar[517].

La gloria hegeliana seleccionada aquí como ejemplo de falsa fama es, desde luego, un hecho sin igual —sin igual incluso en Alemania—; por eso exhorto a las bibliotecas públicas a conservar cuidadosamente momificados todos los documentos del mismo, tanto las opera omnia del propio filosofastro como las de sus adoradores, para enseñanza, advertencia y diversión de la posteridad, y como un monumento a esta época y esta nación.


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