Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II No obstante, cuando uno extiende la mirada y tiene a la vista el elogio de los contemporáneos de todas las épocas en general, descubre que en realidad este es siempre una ramera prostituida y ensuciada por miles de individuos indignos a los que se les ha otorgado. ¿Quién podrÃa desear semejante meretriz? ¿Quién podrÃa estar orgulloso de su favor? ¿Quién no la rechazará? — En cambio, la fama en la posteridad es una belleza orgullosa y esquiva que solo se entrega a los hombres dignos, a los vencedores, a los infrecuentes héroes. — Asà es. Y de paso se puede inferir de ahà cómo tienen que ir las cosas con ese género bÃpedo: porque se requieren generaciones y hasta siglos antes de que entre sus cientos de millones concurran un puñado de inteligencias que sean capaces de distinguir lo bueno de lo malo, lo auténtico de lo espurio, el oro del cobre, y a los que por ende se les pueda denominar el tribunal de la posteridad; tribunal que además viene favorecido por la circunstancia de que entonces la irreconciliable envidia de la ineptitud y la intencionada adulación de la infamia han enmudecido, con lo que la comprensión toma la palabra.