Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Menciono aquí de paso que el patriotismo, cuando se quiere hacer valer en el dominio de las ciencias, es un sucio compañero que se debe rechazar. ¿Pues qué puede ser más impertinente sino que, allá donde se cultiva lo pura y umversalmente humano y donde solo deben valer la verdad, la claridad y la belleza, se pretenda poner en la balanza la preferencia por la nación a la que pertenece la preciosa propia persona y, a partir de tal consideración, se haga violencia a la verdad o se sea injusto con los grandes espíritus de las naciones ajenas a fin de enaltecer los espíritus inferiores de la propia? Pero ejemplos de esa vulgaridad se encuentran a diario entre los escritores de todas las naciones de Europa; por eso Iriarte se burló de ellos en la trigesimotercera de sus deliciosas fábulas literarias.