Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Por eso debería desaparecer ante todo el anonimato, aquel escudo de toda infamia literaria. En las revistas literarias el pretexto que ha servido para introducirlo es que debe proteger a los honrados críticos, los amonestadores del público, del rencor del autor y sus mecenas. Pero frente a un caso de este tipo habrá cien en los que no sirva más que para eximir de toda responsabilidad a aquel que no puede defender lo que dice, o bien para encubrir la vergüenza del que es lo bastante venal e infame como para elogiar ante el público un mal libro a cambio de una propina del editor. A menudo también sirve únicamente para ocultar la oscuridad, la insignificancia y la incompetencia de quien juzga la obra. Es increíble la osadía que se apodera de los mozos y ante qué estafas literarias no se estremecen cuando se saben seguros tras la sombra del anonimato. — Así como hay medicinas universales, la siguiente es una anticrítica universal frente a todas las recensiones anónimas, da igual que hayan encomiado lo malo o censurado lo bueno: «¡Bribón, di tu nombre!». Pues asaltar enmascarado y disfrazado a la gente que va por ahí a cara descubierta, eso no lo hace un hombre honrado: lo hacen los miserables y los malvados. — Así pues, «¡Bribón, di tu nombre!» probatum est.