Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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Ya Rousseau, en el prólogo a La nueva Eloísa, dice: tout honnête homme doit avouer les livres qu’il publie[550]. En nuestro idioma eso significa: «Todo hombre honrado pone su nombre en aquello que escribe»; y las proposiciones universales afirmativas se pueden invertir per contrapositionem. ¡Cuánto más vale eso de los escritos polémicos como son la mayoría de las recensiones! Por eso Riemer tiene toda la razón cuando, en sus Informes sobre Goethe, p. XXIX del prólogo, dice: «Un oponente abierto que da la cara es honrado, moderado, alguien con el que uno puede entenderse, avenirse, reconciliarse; en cambio, uno encubierto es un infame y cobarde traidor que no tiene el coraje suficiente para declarar abiertamente su juicio y al que, por lo tanto, ni siquiera le importa su opinión sino solo la secreta alegría de desahogar su cólera sin ser conocido e impunemente». Esa ha debido de ser también la opinión de Goethe; pues la mayoría de las veces las expresaba a través de Riemer. Pero en general la regla de Rousseau vale de cada línea que se manda a la imprenta. ¿Sufriríamos si un hombre enmascarado quisiera arengar al pueblo o hablar ante una asamblea? ¿Y si al hacerlo arremetiera contra otros y los cubriera de reproches? ¿No serían enseguida aligerados sus pasos hacia la puerta por los puntapiés de los demás?



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