Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Siempre que sea posible debemos distinguir el adjetivo del adverbio, y así, por ejemplo, no escribir «seguro» [sicher] donde se quiere decir «seguramente» [sicherlich][580]. En general, nunca y de ninguna manera se debe hacer el menor sacrificio a la brevedad a costa de la definición y precisión del lenguaje: pues es la posibilidad de estas lo que otorga a un lenguaje su valor, ya que únicamente en virtud de ellas consigue expresar con exactitud y sin ambigüedad cualquier matiz y modulación de un pensamiento, haciendo que aparezca como con ropa mojada y no como en un saco; justo en eso consiste la bella, vigorosa y expresiva forma de escribir que hace de un autor un clásico. Y es precisamente la posibilidad de esa definición y precisión en la expresión lo que se pierde por completo debido al despedazamiento que sufre el lenguaje al mutilar los prefijos y afijos, así como las sílabas que distinguen el adverbio del adjetivo, al eliminar el auxiliar, al usar el imperfecto en lugar del perfecto, etc., etc.; todo eso constituye una extendida monomanía que se ha apoderado de todas las plumas alemanas y que, con una falta de cerebro que nunca podría generalizarse en Inglaterra, Francia o Italia, es practicada a porfía por todos, por todos, sin oposición alguna. Esa amputación del lenguaje es lo mismo que si alguien cortara a jirones un precioso tejido para poderlo empaquetar más compacto: con eso el lenguaje se transforma en una miserable jerga comprensible a medias, y eso será pronto el alemán.