Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Vivir según la propia inclinación es vulgar:
El noble aspira al orden y a la ley
(Nachlaß, vol. 17, p. 297)
La manía es universal: se echa mano de todo para demoler el lenguaje sin compasión ni indulgencia; de hecho, como en un tiro al pájaro de madera, cada uno intenta arrancar un trozo donde y como puede. Así, hasta el tiempo en que no quede en Alemania un solo escritor cuya obra presente promesas de durar, los fabricantes de libros, los literatos y los escritores de periódicos se permiten la pretensión de reformar el lenguaje; y así vemos este actual género que, con todas sus largas barbas, es impotente, es decir, incapaz de cualquier producción intelectual de tipo superior, y emplea su tiempo libre en mutilar de la forma más intencionada y desvergonzada la lengua en la que han escrito grandes autores, con el fin de erigirse un monumento herostrático[595]. Si antes los corifeos de la literatura se permitían aisladamente una corrección del lenguaje bien meditada, ahora todo emborronador de tinta, todo escritor de periódicos, todo editor de un periodicucho estético, se considera autorizado a poner sus zarpas en el lenguaje para arrancar a su capricho lo que no le gusta o bien para añadirle nuevas palabras.