Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Como se ha dicho, la furia de esos cortadores de palabras está dirigida principalmente a los prefijos y los afijos de todas las palabras. Lo que intentan conseguir con tal amputación tendrá que ser la brevedad y, a través de ella, la mayor concisión y energía en la expresión: pues el ahorro de papel es al final demasiado escaso. Así pues, quieren contraer todo lo posible lo que tienen que decir. Pero para eso se requiere otro procedimiento totalmente distinto del escatimar palabras, a saber: que se piense con precisión y concisión: mas eso es precisamente lo que no está al alcance de cualquiera. Además, la brevedad concluyente, la energía y la concisión en la expresión solo son posibles si el lenguaje posee una palabra para cada concepto, y si para cada modificación, incluso para cada matiz de ese concepto, cuenta con una modificación de la palabra que se le corresponda exactamente; porque solamente con ellas, en su correcta aplicación, se hace posible que cada periodo, en cuanto es expresado, suscite en el oyente directa y exactamente los pensamientos que pretendía el hablante, sin dejarle ni un solo instante la duda de si quería decir esto o aquello. Para eso toda palabra raíz del lenguaje tiene que ser modificabile multimodis modificationibus[596] a fin de poder ceñirse a todos los matices del concepto y con ello a las sutilezas del pensamiento, igual que una ropa mojada. Pero eso se hace posible principalmente gracias a los prefijos y afijos: ellos son las modulaciones de cada concepto fundamental en el teclado del lenguaje. De ahí que también los griegos y los romanos hayan modulado y matizado casi todos los verbos y muchos sustantivos por medio de prefijos. Eso se puede ejemplificar en todos los verbos principales latinos, por ejemplo en ponere, modificado en imponere, deponere, disponere, exponere, componere, adponere, subponere, superponere, seponere, praeponere, proponere, interponere, transponere[597], etc. Lo mismo se puede mostrar en términos alemanes: por ejemplo, el sustantivo Sicht se modifica en Aussicht, Einsicht, Durchsicht, Nachsicht, Vorsicht, Hinsicht, Absicht[598], etc. O el verbo suchen se modifica en auf suchen, aussuchen, untersuchen, besuchen, ersuchen, versuchen, heimsuchen, durchsuchen, nachsuchen[599], etc[600].. Eso consiguen, pues, los prefijos: si los suprimimos a causa de la ansiada brevedad y, dado el caso, en vez de todas las modificaciones señaladas decimos siempre únicamente ponere, o Sicht, o suchen, entonces quedan sin expresar todas las determinaciones próximas de aquel concepto fundamental tan amplio y la comprensión se deja a Dios y al lector: de ese modo el lenguaje se vuelve al mismo tiempo pobre, pesado y tosco. Sin embargo, esa es precisamente la artimaña de los agudos correctores del lenguaje de la «actualidad». Toscos e ignorantes, se figuran de verdad que nuestros ingeniosos antepasados habían colocado los prefijos ociosamente, por pura estupidez, y creen tener un rasgo de ingenio por su parte al suprimirlos con prisa y celo allá donde no oyen más que una cosa; y, sin embargo, en el lenguaje no hay ningún prefijo sin significado, ninguno que no sirva para conducir el concepto fundamental por todas sus modulaciones y de ese modo hacer posible la precisión, claridad y sutileza de la expresión, que puede luego traducirse en la energía y concisión de la misma. En cambio, al cortar los prefijos se hace de varias palabras una sola, con lo que el lenguaje se empobrece. Pero es más: no son meras palabras, sino conceptos lo que así se pierde; porque entonces faltan los medios de fijarlos, y al hablar, de hecho también al pensar, tenemos que conformarnos con el à peu près[601], de modo que se sacrifica la energía del discurso y la claridad del pensamiento. En efecto, no podemos reducir el número de las palabras, como ocurre con semejante recorte, sin ampliar al mismo tiempo el significado de las que quedan; y esta ampliación no puede producirse a su vez sin quitar al significado su exacta determinación ni, por consiguiente, caer en la ambigüedad y la confusión; con lo que entonces se hace imposible toda precisión y claridad en la expresión, por no hablar de su energía y concisión. Una ilustración de esto nos la ofrece ya la ampliación del significado de la palabra nur que antes se criticó y que enseguida da lugar a la ambigüedad y hasta la falsedad de la expresión. — ¡Qué poco importa que una palabra tenga dos sílabas más si con ello el concepto es más preciso! ¿Hemos de creer que hay mentes torcidas que escriben indiferencia donde quieren decir indiferentismo, para ahorrarse esas dos sílabas?