Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II En aquellos largos periodos ampliados con proposiciones incidentes encadenadas entre sà y rellenados con ellas como patos asados con manzanas, periodos que uno no puede ponerse a leer sin antes mirar la hora, se emplea ante todo la memoria; cuando más bien se deberÃan movilizar el entendimiento y el Juicio, cuya actividad, sin embargo, se dificulta y debilita justo de ese modo. Pues tales periodos ofrecen al lector simples frases a medio terminar que su memoria debe juntar y conservar cuidadosamente, como los trozos de una carta rota, hasta que se completan con las otras mitades respectivas que vienen después, y entonces adquieren sentido. En consecuencia, hasta entonces tiene que leer un rato sin pensar nada, simplemente memorizando todo, con la esperanza de la conclusión que le abrirá los ojos y con la que recibirá también algo que pensar. Todo eso tiene que aprender de memoria antes de obtener algo que comprender. Eso está claramente mal y es un abuso de la paciencia del lector. Pero la inequÃvoca afición de las mentes vulgares a esa forma de escribir se debe a que solo tras algún tiempo y esfuerzo permite entender al lector lo que de otro modo entenderÃa enseguida; con lo que surge la apariencia de que el escritor posee más profundidad y entendimiento que el lector. Asà pues, también eso se incluye dentro de las mencionadas artimañas mediante las cuales los mediocres se esfuerzan inconsciente e instintivamente en ocultar su pobreza de espÃritu y producir la apariencia de su contrario. Su inventiva en esto es incluso asombrosa.