Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Para ilustrar esto, pensemos en los progresos del conocimiento del género humano con la imagen de una órbita planetaria. Luego, los caminos errados en los que la mayoría de las veces cae después de cada avance significativo se pueden representar por medio de epiciclos ptolemaicos, tras recorrer cada uno de los cuales vuelve a estar donde se encontraba antes de entrar en ellos. No obstante, las grandes mentes que en realidad llevan adelante a su género en aquella órbita planetaria no realizan con él el respectivo epiciclo. Así se explica por qué la fama en la posteridad se paga la mayoría de las veces con la pérdida de la aprobación de los contemporáneos, y a la inversa. — Tal epiciclo lo constituyen, por ejemplo, las filosofías de Fichte y Schelling, coronadas al final por la caricatura hegeliana de las mismas. Ese epiciclo partió de la línea circular que Kant fue el último en trazar, llevándola hasta el punto donde yo después la he retomado para proseguirla: pero en el intervalo los mencionados pseudofilósofos, y algunos otros junto a ellos, recorrieron su epiciclo, que está a punto de concluir, con lo que el público que lo ha recorrido con ellos se da cuenta de que se encuentra justo en el mismo lugar de donde había partido.