Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II En consecuencia, a la hora de aprender una lengua la principal dificultad estriba en aprender también cada concepto para el que ella tiene un término, en aquellos casos en que la propia lengua carece de una palabra que corresponda exactamente a él; casos estos que se dan a menudo. De ahà que al aprender una lengua extranjera tengamos que trazar en nuestro espÃritu esferas de conceptos totalmente nuevas, con lo cual surgen esferas conceptuales donde no las habÃa: asà que no aprendemos simples palabras sino que adquirimos conceptos. Eso ocurre ante todo al aprender las lenguas antiguas, ya que la forma de expresión de los antiguos difiere de la nuestra mucho más que las de los lenguajes modernos entre sÃ; esto se pone de manifiesto en el hecho de que al traducir al latÃn tengamos que adoptar giros completamente distintos de los que emplea el original. De hecho, la mayorÃa de las veces tenemos que refundir y transvasar por completo los pensamientos que hemos de reproducir en latÃn, de modo que los descompongamos en sus elementos últimos y los volvamos a componer. Precisamente a eso se debe el gran estÃmulo que recibe el espÃritu del aprendizaje de las lenguas antiguas. — Una vez que hemos comprendido correctamente todos los conceptos designados por las palabras individuales del lenguaje que estamos aprendiendo y con cada palabra del mismo pensamos inmediatamente el concepto correspondiente, en lugar de traducir antes la palabra a otra de la lengua materna y luego al concepto designado por ella —que no siempre coincide con el primero—, y hacer lo mismo con las frases completas: — solo entonces, digo, habremos captado el espÃritu del lenguaje que estudiamos, y con ello habremos logrado un gran avance en el conocimiento de la nación correspondiente: pues lo que es el estilo al espÃritu del individuo, eso mismo es el lenguaje al de una nación[623]. Pero uno no ha interiorizado plenamente un lenguaje hasta que es capaz de traducir a él, no acaso libros, sino a sà mismo; de modo que es capaz de comunicarse inmediatamente en él sin sufrir menoscabo de su individualidad, asà que resulta tan tolerable para los extranjeros como para sus compatriotas.