Parerga y paralipomena II

Parerga y paralipomena II

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De la misma fuente se puede inferir el hecho de que las mujeres muestren más compasión, y por lo tanto más amor e interés por los desgraciados, que los hombres; sin embargo, están por detrás de ellos en lo que se refiere a la justicia, la honradez y los escrúpulos. Pues, como consecuencia de la mayor debilidad de su razón, lo presente, intuitivo e inmediatamente real ejerce sobre ellas un poder frente al que raras veces pueden hacer mucho los pensamientos abstractos, las máximas permanentes, las decisiones firmemente adoptadas y en general la consideración al pasado y el futuro, a lo ausente y lo remoto. Por consiguiente, tienen el requisito primero y principal de la virtud pero les falta lo secundario, la herramienta que es a menudo necesaria para ella. A ese respecto se las podría comparar con un organismo que tuviera hígado pero no vesícula. Sobre esto remito al § 17 de mi tratado Sobre el fundamento de la moral. — En consecuencia, encontraremos que el principal defecto del carácter de las mujeres es la injusticia. Nace ante todo de la mencionada carencia de racionalidad y reflexión, pero además se apoya en que, al ser más débiles, la naturaleza no las orienta a la fuerza sino a la astucia: de ahí su instintiva hipocresía y su indestructible tendencia a la mentira. Pues, así como la naturaleza ha dotado a los leones de garras y dientes, a los elefantes, de colmillos, y a la sepia, de tinta para enturbiar el agua, también ha dotado a la mujer del arte del disimulo para su protección y defensa; y todas las capacidades que otorgó al hombre en forma de fuerza corporal y razón se las ha dado a la mujer en la forma de aquellas dotes. Por eso el disimulo le es innato y la mujer tonta lo posee casi en la misma medida que la inteligente. Hacer uso de él a cada ocasión le resulta por ello tan natural como a aquellos animales emplear sus armas en cuanto se les ataca, y al hacerlo siente que en cierto modo está haciendo uso de sus derechos. Por eso es quizás imposible que exista una mujer totalmente sincera y sin disimulo. Esa es justamente la razón de que descubran el disimulo ajeno con tanta facilidad que no es aconsejable intentarlo con ellas. — Del defecto fundamental aquí expuesto y sus añadiduras nacen la falsedad, la infidelidad, la traición, la ingratitud, etc. Las mujeres cometen perjurio judicial mucho más a menudo que los hombres. En general se podría cuestionar si se las puede admitir a prestar juramento. — De vez en cuando se repite en todas partes el caso de damas a las que nada les falta y que en una tienda se han guardado algo a escondidas en el bolso y lo han hurtado.


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