Parerga y paralipomena II
Parerga y paralipomena II Me encontraba yo junto a la tina de mercurio del aparato neumático y con una cuchara de hierro tomé algunas gotas, las lancé a lo alto y las volvà a coger con la cuchara: cuando fracasé, cayeron de nuevo en la tina y no se perdió nada más que su forma momentánea; por eso el triunfar o fracasar me dejó bastante indiferente. — Asà se comporta la natura naturans o la esencia interior de todas las cosas con la vida y muerte de los individuos.
La sabidurÃa que se encuentra en un hombre en forma puramente teórica sin llegar a ser práctica se parece a la rosa cuajada de pétalos, que regocija a otros con su color y aroma, pero se marchita sin haber dado frutos.
No hay rosa sin espinas. — Pero sà algunas espinas sin rosas.
El perro es con razón el sÃmbolo de la fidelidad. Pero dentro de las plantas deberÃa serlo el abeto. Pues es el único que se queda con nosotros haga buen o mal tiempo; y no nos abandona cuando el Sol nos priva de su favor, como hacen todos los demás árboles, plantas insectos y aves, para retornar cuando el cielo nos vuelve a sonreÃr.