Vidas imaginarias
Vidas imaginarias En Bayeux, Lorenete se alojó en una pequeña casa pintada donde se decía que estaban los baños de las mujeres, y la patrona de los baños no pudo menos que reír cuando Alain el Gentil fue a buscarla para llevársela. Lo condujo hasta la puerta empuñando una vela y con una gran piedra en la otra mano, en tanto le preguntaba si no tenía ganas de que se la pasara por el hocico para hacerle ver lo rica que era. Alain huyó y en su huida volcó la vela y arrancó del dedo a la buena mujer lo que le pareció una sortija preciosa; pero sólo era de cobre dorado, con una gran piedra rosada de fantasía.
Después Alain anduvo errante y en Maubusson encontró, en la hostería del Papegaut, a Karandas, su compañero de armas, quien estaba comiendo mondongo con otro hombre llamado Jehan Petit.