Vidas imaginarias

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Karandas llevaba aún su corcesca y Jehan le Petit tenía una bolsa con sus agujetas colgada de su cinturón. La hebilla del cinturón era de plata fina. Después de haber bebido, acordaron los tres ir a Senlis por el bosque. Se pusieron en camino a la tarde y cuando estuvieron en la espesura de la floresta, sin luz, Alain el Gentil fue quedándose atrás. Jehan le Petit caminaba adelante. Y en la obscuridad Alain le clavó con fuerza su jabalina entre los hombros, mientras que Karandas le hundía su corcesca en la cabeza. Cayó de bruces y Alain, a horcajadas en él, le cortó la garganta con su daga, de lado a lado. Después le rellenaron el pescuezo con hojas secas, para que no hubiese un charco de sangre en el camino. La luna apareció en un claro. Alain cortó la hebilla del cinturón y desanudó las agujetas de la bolsa, en la cual había dieciséis monedas de oro y treinta y seis cobres. Guardó las monedas, arrojó la bolsa con los cobres a Karandas, por el trabajo, con la jabalina en alto. Allí se separaron el uno del otro, en medio del claro, Karandas jurando por la sangre de Dios.






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