Vidas imaginarias

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Después, estimando, según sus recuerdos, que convenía estimular a su tripulación con alguna bebida habitual en los piratas, les hizo tragar a todos y a cada uno una pinta de ron mezclada con pólvora la falta de vino que es el ingrediente acostumbrado en piratería. Los criados del Mayor obedecieron, pero, al contrario, de lo que era de estilo, sus rostros no se inflamaron de furor. Avanzaron con bastante simultaneidad hacia babor y hacia estribor, asomaron sus faces negras por sobre la borda y ofrecieron aquella mixtura al pérfido mar. Después de lo cual, dado que la Revanche había poco menos que encallado en la costa de Saint Vincent, desembarcaron bamboleándose.

Era muy de mañana y los rostros asombrados de los aldeanos no despertaban demasiado la cólera. Ni el mismo Mayor se sentía con ánimo de proferir alaridos. Hizo entonces, altanero, su provisión de arroz y de legumbres secas con cerdo salado, las que pagó (como buen pirata y muy noblemente según le pareció) con dos barricas de ron y un viejo cable. Después de lo cual, los hombres consiguieron penosamente volver a poner a flote la Revanche; y el Mayor Stede Bonnet, henchido de su primera conquista, regresó al mar.




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