El anticuario
El anticuario —Antes era un escalador audaz, y más de una vez he cogido nidos de gaviota y de uria en estas negras rocas. Pero hace mucho de eso y nadie podrÃa subir sin cuerdas. Y aunque yo tuviera cuerdas, y la buena vista de entonces, asà como fuerza en las manos que me falla desde hace tanto tiempo, ¿cómo lograrÃa salvarles a ustedes? Antes habÃa por aquà una vÃa, pero, si pudieran verla, preferirÃan quedarse donde están. ¡Alabado sea su nombre! —gritó de repente—. ¡Alguien está bajando el peñasco ahora mismo!
Después, alzando la voz, fue dando instrucciones de su antigua práctica al temerario aventurero, fruto de los recuerdos de aquel lugar que se agolpaban repentinamente en su pensamiento:
—A la derecha, a la derecha… Por ahÃ, por ahÃ, asegure la cuerda por el Cuerno de Crummie, esa gran piedra negra. Que dé dos vueltas alrededor… Eso es. Avance un poco hacia el este, un poco más, hasta la próxima roca, la que llamábamos la Oreja del Gato. Allà solÃa estar la raÃz de un roble. ¡Eso es! Ahora tenga cuidado, muchacho, cuidado, tenga cuidado, vaya despacio. ¡Por Dios, tenga cuidado! ¡Muy bien! Ahora intente llegar al Delantal de Bessy, esa piedra grande y plana de color azulado. Después, con su ayuda y la cuerda podremos subir a la joven y a sir Arthur.