El anticuario
El anticuario El aventurero, siguiendo sus indicaciones, le lanzó el extremo de la cuerda y el viejo Edie ató con fuerza a la señorita Wardour tras haberla cubierto con su casaca azul para intentar protegerla de todo daño. Después, ayudándose con la cuerda, que estaba bien asegurada en la parte superior, empezó el ascenso de la pared del acantilado, una empresa dura y vertiginosa que, al cabo de una o dos arriesgadas peripecias, concluyó al llegar sano y salvo junto a nuestro amigo Lovel, que estaba en la roca plana. Entre los dos lograron subir a Isabella hasta la seguridad donde ellos estaban. El tiempo se acababa, puesto que sir Arthur y su hija ya habían sido azotados por una o dos enormes olas y, agarrándose a las rocas, habían conseguido evitar que el reflujo los arrastrara. Después Lovel descendió para ayudar a sir Arthur a ajustar la cuerda; regresó al refugio y, con la ayuda del viejo Ochiltree y la que el propio sir Arthur pudo aportar, lo subieron hasta que estuvo fuera del alcance del oleaje.