El anticuario
El anticuario Ésta fue la primera noticia que tuvo la señorita Oldbuck de que el joven forastero iba a ser su huésped aquella noche; tal fue su sorpresa ante aquella infrecuente propuesta que, si su ostentoso peinado, antes descrito, hubiera sido menos exagerado, sus grises rizos se habrÃan puesto de punta y el peinado entero de pie.
—¡Que el Señor nos asista! —exclamó la dama sorprendida.
—¿Qué pasa ahora, Grizzel?
—¿Podemos hablar un momento, Monkbarns?
—¿Hablar? ¿De qué tenemos que hablar? Quiero ir a la cama, al igual que este pobre muchacho. Que le preparen una cama inmediatamente.
—¿Una cama? ¡Que el Señor nos proteja! —prosiguió Grizzel.
—Pero ¿qué pasa ahora? ¿No hay camas y estancias suficientes en la casa? ¿Acaso no es este lugar un antiguo hospitium donde se puede decir que las camas se hacÃan cada noche para grupos enteros de peregrinos?