El anticuario
El anticuario El placer de esta conversación tuvo un efecto tan dulcificante que, aunque se produjeron dos incidentes que retrasaron el viaje, ambos más largos que el que desató su ira contra la señora Macleuchar, nuestro ANTICUARIO apenas soltó algún que otro «¡puf!» que más parecÃa causado por la interrupción de su discurso que por el retraso del viaje.
La primera de estas paradas se debió a la ruptura de un resorte que, al cabo de media hora de trabajo, fue reparado a duras penas. El anticuario fue cómplice de la segunda, por no decir el causante principal: advirtió que uno de los caballos habÃa perdido la herradura de una pata delantera e informó al cochero de tan importante deficiencia.
—Contratamos los caballos a Jamie Martingale. Él se encarga de su cuidado —contestó John—. No puedo hacer ninguna parada ni sufrir perjuicio alguno por este tipo de accidentes.