El anticuario
El anticuario ¡Mirad! Aquà están los robles, altos cual tilos,
y a sus pies las hierbas, tan frescas
que brotan y crecen ocho o nueve pies.
Cada árbol de su hermano creció,
con ramas anchas, bien cargadas de hojas nuevas,
que brotaron por los rayos del sol,
algunas de un rojo dorado, otras brillantes y verdes.[104]
Y en el otro extremo se podÃa leer una leyenda semejante:
Y muchos ciervos y muchas ciervas
habÃa a mi alrededor.
De cervatos, gamos y sus hembras
estaba lleno el bosque, y muchos corzos
y muchas ardillas saltarinas
en lo alto de los árboles nueces comÃan.[105]
La cama era de color verde oscuro y apagado para combinar con el tapiz, pero de factura más moderna y menos hábil. Las sillas, grandes y macizas, tenÃan respaldo de ébano negro y estaban tapizadas con los mismos motivos; el majestuoso espejo, colocado sobre la chimenea, iba a juego con un antiguo tocador.