El anticuario

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Jonathan Oldenbuck u Oldinbuck, o en su forma contraída más habitual, Oldbuck, de Monkbarns, era el segundo hijo de un caballero que poseía una pequeña finca en las inmediaciones de una próspera ciudad portuaria de la costa nororiental de Escocia que, por diversas razones, denominaremos Fairport. Llevaban allí varias generaciones como terratenientes, y en cualquier condado de Inglaterra habrían gozado de cierto prestigio. Pero el condado de… estaba lleno de caballeros de descendencia más antigua y de mayor fortuna. Además, en la última generación, prácticamente toda la nobleza había sido jacobita, mientras que los propietarios de Monkbarns, al igual que los burgueses de la ciudad más próxima, eran fieles partidarios de la sucesión protestante[6]. Sin embargo, estos últimos pertenecían a un linaje propio del que se enorgullecían del mismo modo que sus enemigos se jactaban de sus propias genealogías, ya fuese sajona, normanda o celta. El primer Oldenbuck, que se instaló en la mansión familiar poco después de la Reforma, era, según decían, descendiente de uno de los primeros impresores de Alemania, que huyó de su país por las persecuciones dirigidas contra quienes profesaban la religión reformada. Encontró fácilmente refugio en la ciudad cercana a la residencia de sus descendientes, no solo por ser víctima de la causa protestante, sino también porque trajo consigo suficiente dinero para comprar la pequeña finca de Monkbarns, que un terrateniente disipado puso en venta tras recibirla de manos de su padre, así como otras tierras de la Iglesia tras disolverse el extenso y rico monasterio al que pertenecían. Por eso, los Oldenbuck siempre fueron súbditos leales en los períodos de insurrección y, gracias a observar una postura prudente con respecto al municipio, el laird de Monkbarns —título señorial que floreció en 1745— ejerció de preboste de la ciudad en ese fatídico año; empleó todos sus esfuerzos en favor del rey Jorge, incluso invirtió bienes por su causa, pero éste nunca le recompensó, siguiendo la conducta liberal del gobierno existente con sus amigos. A fuerza de solicitarlo, y en beneficio del municipio, consiguió un puesto en la aduana y, como era un hombre frugal y cuidadoso, fue capaz de aumentar considerablemente su fortuna paterna. Solo tuvo dos hijos, de los que el actual laird era el menor, así como dos hijas, una de las cuales todavía florecía en bendición solitaria, mientras que la otra, que era mucho más joven, se casó por amor con el capitán del cuadragésimo segundo regimiento de infantería, sin más fortuna que su linaje norteño. La pobreza perturbó un matrimonio que de otro modo habría sido feliz y el capitán MacIntyre, para ser justo con su mujer y sus dos hijos —un niño y una niña—, se vio obligado a buscar fortuna en las Indias Orientales. Fue enviado a una expedición contra Hyder Ali, pero el destacamento del que formaba parte se perdió y su desdichada mujer no recibió noticia alguna de su paradero y jamás llegó a saber si cayó en la batalla, si fue asesinado en prisión, o si vivió en desesperado cautiverio bajo el dominio del tirano indio. Ella se fue apagando por la pena y la incertidumbre, y dejó a su hijo y a su hija al cuidado de su hermano, el laird de Monkbarns.


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