El anticuario
El anticuario —Es decir, que no tiene nada más aparte de esto, ¿verdad? Bueno, bueno, el pescado, las chuletas y la tarta serán suficientes. Eso sÃ, no imite la cautelosa demora que alaba de nuestros tribunales de justicia. Que nada se remita del juzgado al tribunal, ¿entendido?
—No, no —dijo Mackitchinson, después de leer atentamente muchos volúmenes de juicios, habÃa aprendido algunos términos legales—. La cena estará servida quam primum, es decir, de inmediato.
Con una carcajada lisonjera, el prometedor anfitrión les dejó en el comedor de suelo arenoso decorado con grabados de las cuatro estaciones.
A pesar de que habÃa asegurado lo contrario, los gloriosos retrasos de la ley tuvieron su equivalente en la cocina de la pensión. El viajero más joven tuvo asà ocasión de dar una vuelta y preguntar a la gente de la casa por el rango y posición de su compañero. La información que recabó era de naturaleza general y poco fiable, pero bastó para enterarse del nombre, la historia y circunstancias del caballero. En pocas palabras intentaremos presentárselo a nuestros lectores.