El anticuario
El anticuario —SÃ, es cierto —dijo el anfitrión, quien, de hecho, basaba sus palabras en recuerdos muy generales sobre la educación del viajero, pero que se habrÃa arrepentido de no ser preciso en la posición y profesión de éste o de cualquier otro huésped—. Sin duda es cierto, pero pensé que tendrÃa algún asunto legal del que ocuparse. Yo mismo tengo uno, un juicio pendiente que heredé de mi padre y que él heredó del suyo. Es por nuestro patio trasero, seguramente haya oÃdo hablar de él en el tribunal, Hutchinson contra Mackitchinson, un caso muy conocido. Se presentó cuatro veces ante los quince jueces del tribunal, y ni el más sabio supo qué hacer aparte de devolverlo al juzgado. ¡Es maravilloso ver con qué prisa y esmero funciona la justicia en este paÃs!
—Cuide sus palabras, mentecato —dijo el viajero, aunque con buen humor—, y dÃganos qué nos puede ofrecer de cena a este joven caballero y a mÃ.
—Oh, pues tenemos pescado, por supuesto. Trucha marina, abadejo fresco —respondió Mackitchinson mientras estrujaba un trapo—. También hay chuletas de cordero, tarta con deliciosa confitura de arándanos, y, bueno, tenemos todo lo que deseen.