El anticuario
El anticuario —Cierto, cierto, habÃa olvidado a su Bucéfalo. Es usted un inconsciente, por cierto, por haber comprado la bestia en el acto; podrÃa haber pagado dieciocho peniques por costado, si va a confiar más en las piernas de otra criatura que en las suyas.
—Bueno, puesto que las del caballo tienen la ventaja de ser considerablemente más rápidas, y son, además, dos pares contra uno, me inclino…
—De acuerdo, ya hemos dicho bastante; haga lo que crea conveniente. Entonces, traeré bien a Grizzel o al pastor, pues me gusta amortizar hasta el último penique de los carruajes, y nos encontramos en el portazgo de Tirlingen el viernes, a las doce en punto.
Y, con este acuerdo, los dos amigos se separaron.