El anticuario
El anticuario Oldbuck ejerció toda la autoridad del cicerone, y ordenó angustiado al grupo que no se alejara ni un paso del camino que les marcaba, si querÃan disfrutar plenamente de lo que venÃan a ver.
—Es usted afortunada de tenerme como guÃa, señorita Wardour —exclamó el veterano, balanceando la mano y la cabeza cadenciosamente mientras recitaba una y otra vez:
Conozco cada camino, cada verde sendero,
valle, o frondosa cañada, de este bosque virgen,
cada boscoso enramado de lado a lado.[145]
»¡Ah, diablos! Esa rama de arbusto ha echado a perder toda la labor de Caxon, y por poco se lleva mi peluca al rÃo; eso me pasa por recitar hors de propos[146].
—No se preocupe, querido señor —dijo la señorita Wardour—, aquà tiene a su fiel ayudante para arreglar desastres asÃ, y una vez que su peluca quede restablecida en su esplendor original, yo continuaré la cita:
Asà se hunde la estrella del dÃa en el lecho oceánico,
y de inmediato arregla su lánguida cabeza,
y manipula sus rayos, y con llamas
espolvoreadas de minerales en la frente…[147]