El anticuario
El anticuario Ocurre con frecuencia que los rincones más bellos del paisaje escocés se esconden en algún valle aislado; es más, uno puede estar paseando sin rumbo fijo por el campo sin ser consciente de la cercanÃa de estos hermosos parajes, a no ser que la intención o el accidente le conduzca hasta ellos. Esto es particularmente cierto en los alrededores de Fairport, donde abundan los campos abiertos, despejados y pelados. Sin embargo, el cauce de arroyos y riachuelos ha ido formando por todas partes numerosos valles, cañadas o, como se llaman en la región, dens, en cuyas altas y rocosas riberas encuentran refugio árboles y arbustos de todo tipo que crecen con exuberante profusión, lo cual resulta, cuando menos, gratificante, pues crean un inesperado contraste con la faz general de la región. Éste es sin duda el caso del camino que lleva a las ruinas de Saint Ruth, que en su primer tramo no resultó ser más que un cabañal sobre la ladera de una encrespada y árida colina. Gradualmente, sin embargo, según descendÃa el camino y se enroscaba alrededor de la colina, empezaba a aparecer algún que otro árbol solitario, enjuto y enfermo, con hebras de lana sobre los troncos y huecas raÃces que formaban cavidades en donde gustaban de reposar las ovejas: un espectáculo mucho más gratificante para el ojo de quien admira lo pintoresco que para el de un terrateniente o guardabosques. A medida que el camino avanzaba, los árboles iban apareciendo por grupos, cercados en sus bordes y llenos en el centro de espinos y avellanos. Finalmente, estos grupos de árboles se acercaban tanto entre sà que, aunque bajo sus ramas se abrÃan de cuando en cuando anchos claros, o se encontraba una pequeña ciénaga o páramo que se habÃa negado a alimentar las semillas que esparcÃan, el escenario en su conjunto podrÃa definitivamente llamarse bosque. Las vertientes del valle empezaban a aproximarse cada vez más; se oÃa más abajo el rumor de un regato y, en las aberturas que formaban los claros en el bosque natural, se veÃan correr sus cristalinas aguas bajo su cabecero silvestre.